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Impresiones

"¡Vivimos acá como en un resort!" Marina Savelieva, paracaidista, Ucrania.

24.05.2013

Vine con Tofik a Guinea Ecuatorial en 2009 como especialista en servicios aéreos de búsqueda y rescate para trabajar con nuestros aviones.

Venir acá, fue sin duda un gran paso para mí. Cuando todavía no me había decidido, recuerdo que soñé con que estaba en un avión que aterrizaba sobre la selva. Y ahí supuse que era África donde estaba llegando. Y efectivamente, la primera vez que sobrevolé Malabo, antes de aterrizar en la isla, pude ver esa misma imagen.

En Ucrania vivíamos en otras condiciones, y por lo mismo veníamos preparados para lo peor. Antes de venir, me puse a leer por internet sobre el país y me imaginaba la típica escena africana: calor y arena. No esperaba que todo acá fuera tan verde, Pensaba que iríamos a vivir en una choza, incluso traje una malla para las ventanas. Terminamos viviendo en un departamento con todas las comodidades. Tenemos incluso una huerta en la entrada de nuestro edificio. Todavía hay extranjeros que se sorprenden al ver que no hay cuarteles, ni alambres de púas ni puntos de control militar.

Luego, nos pidieron dar instrucción a un grupo de ecuatoguineanos. Al principio querían formar grupos de 100 personas, pero pronto se dieron cuenta de que no hay equipos, ni instalaciones, ni aviones y ni siguiera un idioma común. Terminaron formando grupos diez veces más pequeños y Tofik y yo empezamos a estudiar español. La primera clase la dimos con ayuda de un intérprete, e hicimos lo que pudimos. Sorprendentemente, parecieron entender todo. Los ecuatoguineanos están acostumbrados a estar expuestos a muchos idiomas. Da la impresión de que aprenden ruso más rápido de lo que nosotros aprendemos español. En Guinea Ecuatorial trabaja gente de todo el mundo y se mezclan todos los idiomas. Los chinos son a quienes más les cuesta. Solo dicen "sí, sí". Una vez hubo un corto circuito en el aeródromo, los equipos de aire acondicionado se habían quemado, nosotros empezamos a quejarnos y ellos solo dicen: "Sí, sí".

Nuestros estudiantes son voluntarios al servicio del Estado. Al terminar sus estudios estarán capacitados para enseñar y proveer mantenimiento a los equipos y naves de rescate: aviones, botes y vehículos terrestres. A diferencia de los pilotos, que siempre cubren a su colega, los paracaidistas hacen todo solos: saltan, caen, abren el paracaídas y aterrizan. Esto conlleva una gran responsabilidad, considerando el hecho de que en este país no conocen el paracaidismo como deporte, lo que dificulta aún más las cosas.

Para los alumnos tampoco es fácil, ya que todos se criaron en la selva y nunca se habían metido al agua. Parece haber una fobia generalizada al agua. No saben nadar y muy pocos pescan. Por eso, cuando los llevamos por primera vez al agua, en sus ojos se podía ver el terror que sentían. Era casi como una caminata espacial. No sabían nadar y nosotros queríamos que saltaran al agua y nadaran. Ahora, claro, ya saben nadar y no le temen al mar. ¡Y ahora hasta piden escafandra! Aunque a veces me da hasta risa. Imagínense: hace calor, se ponen a trotar y luego van al agua. Y al salir, los pobres apenas pueden caminar: temblando y con piel de gallina.

En general, los ecuatoguineanos son muy capaces. Y no hablo solo de nuestro grupo. Son curiosos, desinhibidos, no corrompidos por la civilización, muy sensibles y con talento para los idiomas. Da la impresión de estar en un bazar. Te pones a hablar de algo, y aparece un ecuatoguineano con algo que aportar a la conversación en ruso.

Al pasear por las mañanas se ve que todo Malabo va a la escuela. Con mochila en la espalda y su termos, todos van a la sala de clases. El Estado envía a niños a Rusia, Ucrania, España, Francia. Con el objeto de que obtengan experiencia internacional en el área de la educación.

Guinea Ecuatorial se está desarrollando. El presidente siempre habla por cadena nacional del futuro. Explica por qué hay tantos profesionales extranjeros en el país, dice que los ecuatoguineanos tienen que aprender de ellos y empezar a trabajar. Siempre explica los objetivos y tareas de la nación y dice que el petróleo algún día se acabará.

Ahora la construcción va a toda marcha en la isla de Corisco - pronto habrá un área de resorts. Aunque nosotros en Malabo ya nos sentimos como en un resort.

Vivimos muy cómodamente: aire limpio, agua limpia, el ritmo de la vida es relajado y la gente acá es distinta. No hay invierno y hace siempre calor, pero es posible adaptarse. Por primera vez en cuatro años decidí cortarme el pelo por el calor. Los muchachos me prestaron una maquinilla para el pelo. Menos mal que Tofik no me vió, ya que creo que no me habría dejado,


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