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Prensa

EL COMERCIO:
Hay que ver para creer: Cómo me decepcionó el gran periodismo

14.05.2013

Cuando unos amigos me invitaron a Guinea Ecuatorial, no pude decir que no. Es cierto: queda lejos y es caro viajar hasta allá. Pero, por otro lado, no se trata de las Bahamas o las Canarias. ¡Esto es África! ¡La mismísima África! La de los mercenarios, los dictadores, la malaria y niños desnutridos con la panza salida.

Esa fue la impresión que tuve de Guinea Ecuatorial después de un par de horas buscando información en internet. Un nivel record de intentos de golpes de estado, un presidente en el poder desde 1979 y un pueblo oprimido sumido en la miseria. El país ocupa el segundo lugar en África en extracción de petróleo, el 80% de sus 700.000 habitantes vive con menos de 2 dólares al día. Con este dato de los dos dólares al día, la famosa y muy buena a mí ver periodista de CNN, Christiane Amanpour se dedicó a atacar al presidente de Guinea Ecuatorial Teodoro Obiang, haciéndole la entrevista en su programación. El pobre dictador ni sabía que contestar pero seguía defendiéndose. Decía que no todo lo que se dice de su país es cierto e invitaba a la valiente periodista americana a visitar Guinea Ecuatorial. ¡Qué más da! ¿Quién de los buenos profesionales de información hacen caso a los disparates que dicen los dictadores? Son tiranos que oprimen a la gente y deben estar agradecidos por poder ser de vez en cuando entrevistados por CNN para poder hablar de sus desfachateces.

Así yo había entendido la misión de la buena Christiane Amanpour y hay que decir la verdad estaba completamente de acuerdo con ella.

Lo único que no me dejaba en paz fueron esos dos dólares. ¡Con tan solo pensar en las fotos de pobreza que iría a sacar con eso! ¡Las entrevistas con los valientes opositores al régimen de un tirano despiadado, que me darían a medianoche, poniendo en riesgo sus vidas! Hasta Amanpour moriría de envidia después de conocer que buena periodista soy yo.

La realidad de Guinea Ecuatorial resultó ser decepcionante especialmente tomando en consideración mi propósito de desenmascarar las miserias de una tiranía. El viaje con el que me había puesto a soñar, resulto ser muy distinto de lo que había pensado. La decepción empezó a solo minutos de haber puesto un pie en Guinea Ecuatorial. ¿Dónde están los mendigos que hostigan a extranjeros? ¿Y las camionetas de la policía armada hasta los dientes llenos de los opositores al régimen encadenados? A mi ver Guinea Ecuatorial resultó ser un país muy aburrido, demasiada paz y tranquilidad en las calles y ningún vestigio de protesta de la gente contra la tiranía.

Las carreteras de allí son mucho mejor que en Europa; hay más coches caros que en España y la gente no parece tan hambrienta como en algunos barrios suburbanos de Madrid o Barcelona. Ya les he dicho: ni en Malabo, ni en Bata no hay mendigos que ya se han convertido en la parte imprescindible del paisaje urbano de cualquiera capital europea. No sé a donde les llevan en Guinea Ecuatorial, pero no tuve la impresión que les fusilen o deporten de grandes urbes como lo hicieron según cuentos de mis padres los rusos en las vísperas de las Olimpiadas de Moscú.

La verdad que a mí me pareció que hay muy poca gente en las calles de los nuevos barrios residenciales de Malabo. Muchos de los edificios nuevos siguen varios años sin ser ocupados. Edificios de departamentos construidos por los chinos (muy bonitos, hay que reconocer) con pisos de entre 50 y 60 metros cuadrados cuestan alrededor de 30-40 mil dólares. No hay que pagar todo de golpe. Bajo las garantías del gobierno las constructoras aceptan pagos aplazados sin intereses adicionales. Con todo esto se da la impresión que los ecuatoguineanos no tienen mucho apuro en dejar sus casitas de madera que al parecer de los europeos son unas chozas. Dicen que están acostumbrados de vivir así. Hay una razón más para no hacer la mudanza a los edificios de apartamentos. Con una conexión ilegal de su casita particular a la red eléctrica y de agua un ecuatoguineano no paga nada. Estos lujos son inaccesibles en las viviendas de departamentos que construyen chinos.

De repente me di cuenta que casi todos los obreros y trabajadores que ves en la ciudad son extranjeros. Esto incluye a camareros, cocineros, obreros de la construcción (de las que hay por montones por todos lados) y hasta pescadores. Nigerianos, cameruneses, ghaneses y malienses: de toda el África Central. Los ecuatoguineanos no se mueren por hacer trabajos de mano. Prefieren ser jefes. Aunque los ecuatoguineanos no son una nación particularmente numerosa, en el país no existe medio millón de puestos para los jefes.

El presidente Obiang pone a sus parientes en los mejores cargos, según me lamentaba un muchacho que he encontrado sentado cerca de un supermercado con una lata de cerveza en la mano. Y a nosotros, que no estamos enchufados ¿qué tenemos que hacer?

Quizá buscar algún trabajo según tus capacidades, - quería decir yo pero decidí no desalentar al joven opositor y guarde silencio.

A los pocos días me di cuenta de que por raro lo que parece el gran problema de Guinea Ecuatorial no es la pobreza en si misma que por supuesto existe, sino la mentalidad de la gente que no está acostumbrada a trabajar duro y de una forma regular. Y sin un cambio de mentalidad, no se puede superar la pobreza. ¿De qué manera? ¿Tirando dinero desde un helicóptero? Lo más probable es que se lo gasten en comida, algún coche caro y ropa y luego se quejen de que no les tiraron suficiente pasta.

A propósito: los dos dólares diarios. El recibo promedio del supermercado local, los que están siempre llenos de la gente, no dista mucho del recibo en una tienda cara de Paris o Madrid. Con dos dólares, en Malabo o Bata se puede comprar una lata de Coca-Cola o cerveza. O un paquete de fideos, o una lata de atún.

Si se quiere comprar frutas, es mejor ir al mercado, que es más barato. Bueno, barato muy entre comillas, ya que una piña grande en el mercado de Bata, por ejemplo, cuesta 6 dólares, un tomate que resulta ser algo exótico en África puede costar quinientos Francos CFA que en definitiva son más de un dólar.

Tras una mirada general, Guinea Ecuatorial resultó ser algo completamente distinto a lo descrito por respetados periodistas. No es esa África en donde mueren de hambre y corre sangre por todos los lados. Parecen ser bastante mimados por su dictador. Y no hablo de familia de Obiang a quien no he conocido en mi viaje. Hablo de la gente de la calle que al ser en general muy simpática anda con cierto aire de grandeza por ser algún día un gran jefe acaudalado. Mientras tanto siguen comprando manzanas importadas de Francia y piñas a tres veces de su valor, las que crecen en la otra cuadra. Se dice que el presidente, consciente de que el petróleo se va a acabar, hace un llamado a que sus compatriotas aprendan a trabajar. Pero muchos de los que no tuvieron la suerte de nacer dentro del clan presidencial, toman este llamado como un insulto.

Parece ser que los más acérrimos partidarios del presidente son los extranjeros que trabajan en el país. Pues entienden perfectamente lo que significa no tener trabajo, en especial ahora que Europa se empobrece cada vez más. Según el PIB per cápita, Guinea Ecuatorial está al nivel de España, su antigua metrópolis colonial. Y ahora los españoles estarían felices de tener alguna participación en Guinea Ecuatorial, pero no están en condiciones de competir con los estadounidenses, canadienses, libios, marroquíes, turcos, israelíes y franceses. Ya todo el mundo participa. El hecho de que haya hasta ucranianos lo dice todo.

-Este centro de comercio no existía hace 6 meses, y tampoco estas oficinas- me comentaba un ingeniero de Ucrania que se llama Oleg. Lleva más de cinco años trabajando en Guinea Ecuatorial y ha decidido quedarse aquí con su esposa Natasha que es de Bielorrusia. Les he conocido en Mongomo, una ciudad al este del país en la frontera con Gabón.

En el patio de su casa están construyendo un restaurante. Quieren atraer a clientes con la exótica cocina ruso-ucraniana, pelmenis, una especie de raviolis con carne, y por supuesto borsh, una sopa de col y remolacha.

No sé quién va aguantar esta dieta en calor africano.

Oleg y Natasha también tenían sus dudas. Pero un banco ecuatoguineano les dio un crédito para empezar el negocio.

Aquí se vive muy bien, dice Oleg. ¿Sabes cuánto cuesta una casa en Malabo en barrio Buena Esperanza? ¡15.000 euros! ¿Dónde más es posible comprar una casa con dos baños por 15.000 a plazo de 10 años?

Es verdad, ¿dónde más? Con dos dólares, definitivamente no se puede comprar nada acá. Quizá te lo cobrarían unos muchachos en la aldea para sacarse una foto con ellos.


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